Acarigua, 12 de Agosto de 2015
Durante
esta semana se abordaron los temas como lo fueron “Felices los normales”
del escritor Roberto
Fernández Retamar, exponiendo la realidad del ser humano
en el diario vivir en una sociedad llena de críticas y miradas en busca de la perfección,
donde cada uno posee diversos defectos sin darse cuenta, creyendo que los demás
son anormales y no sabiendo que cada uno de nosotros posee una virtud aun
viviendo como le toco vivir, ya que la sociedad nos ha enseñado indirectamente
que Dios cometió muchos errores en nuestra creación; unos buscan las riquezas
por cada rincón de la vida, exponiéndose a diversas situaciones que les traen
finales terribles, que por creer haber nacido en un hogar pobre no iban a tener
la oportunidad de ser normales.
El mismísimo Creador de todo, decide
donde nace cada quien, el mismo sabe donde nos puso a vivir una vida normal, no
es preciso buscar la perfección, ya con el simple hecho de nacer y vivir somos
parte de esa belleza; que felices los normales, los que entendieron que lo que
importa es vivir cada día con lo que Dios pueda dar, los que en medio de una
corta tormenta ven una larga calma, los que en una imposibilidad ven el camino que
deben avanzar, normales aquellos que superan barreras, aquellos que no ven el lapso
de la vida o el ambientes que los rodea, las criticas: los que no ven el pasado
como una huella llena de heridas, los que ven su pie firme en el presente y la
mira puesta en el futuro, normales aquellos que ven felicidad en donde no hay,
los que su fe los hace ser certeros, que feliz el que mira al espejo y puede
ver a un ser humano triunfador y lleno de virtudes únicas para todo el que lo
rodea; en fin, la perfección jamás la vamos a encontrar por nuestros propios
esfuerzos, el acercarse a Dios nos da a entender lo infelices que éramos al
pensar en los errores que cometemos tratando de buscar la paz que la humanidad
pueda dar, somos tan normales cuando vemos la paz que Dios dio cuando envió a
su único hijo para que muriera por todos nuestros errores ya para vernos
normales y felices en lo exterior primero debemos sentirnos gozosos de lo que
somos en el interior, en lo más profundo de nuestro corazón.
Cuando
leí el Cuento El Otro Yo de Mario Benedetti
me sentí tan identificado porque la misma Palabra de Dios nos recuerda que “de
modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas,” en el cuento esta un muchacho llamado
Armando, queriendo ser vulgar pero el otro yo lo obstaculizaba; en cierto modo
todos tenemos otra persona, un poco al contrario del otro yo, podría decir que
represento al otro yo y tengo un Armando queriendo hacer lo que el cuerpo pida,
la sagrada Escritura dice “de modo que si alguno está en
Cristo, nueva criatura es;… hay un ser dividido en los que decidimos estar en
Cristo, ese Armando no muere tan fácil, es quien dice deseo hacer lo incorrecto
pero “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas,” a diario se
lucha por interrumpir un ser en nosotros, en una batalla constante de
superación personal, un pequeño error del viejo hombre en nosotros podría ser
fatal recordando Eclesiastés 10:1 que
dice “Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista;
así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable”; esa otra
persona que vive con nosotros, en todo momentos vive pensando en una locura
para destrozar lo que podamos haber construido en tiempos, el otro yo es lo
real de nuestro ser, es recordar que hay alguien que grita que no somos
normales, que nos dice que lo que somos no es lo perfecto, aquel que nos dice
que la libertad está en buscar la felicidad en lo efímero, el que nos hechiza
con los placeres de la vida; algún día el morirá mas cuando eso sea habremos
alcanzado la perfección.
Luis Arturo Rodríguez Carrillo